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KINSEY (HABLEMOS DE SEXO)Autor: Dokken
| Fecha: 13/03/05 @ 12:20 PM
| Comentarios (1)
| En 1948, Alfred Kinsey (Liam Neeson de cintas como “La Lista de Schindler”) cambió irrevocablemente la cultura americana con su libro “La conducta sexual del hombre”. Kinsey entrevistó a miles de personas acerca de los aspectos más íntimos de sus vidas, liberándoles de una carga de confidencialidad y vergüenza en una sociedad en la que las prácticas sexuales estaban mayoritariamente escondidas. Su trabajo provocó uno de los debates culturales más intensos del siglo pasado, en el que las llamas todavía perduran hoy. Utilizando la técnica de sus propias entrevistas de sexo, Kinsey relata el extraordinario trayecto desde la oscuridad a la fama mundial. Hijo de un profesor de ingeniería y en ocasiones predicador escolar los domingos, Kinsey se rebela contra la rígida devoción de su hogar, y atraído por el mundo de los sentidos, se convierte en un zoólogo de Harvard especializado en el estudio de una especie de avispas. Tras haber sido contratado para enseñar biología en la Universidad de Indiana, Kinsey conoce y se casa con Clara McMillen (Laura Linney de cintas como “Absolute Power”), una brillante estudiante liberal. Durante el curso, descubre una falta asombrosa de datos científicos en la conducta sexual. Cuando algún alumno le busca para pedirle consejo sobre alguna inquietud o problema sexual, se da cuenta que nadie ha realizado el estudio clínico que produciría respuestas fiables a sus preguntas. Inspirado para explorar el siempre cargado de emociones tema del sexo desde un punto de vista estrictamente científico, Kinsey contrata a un equipo de investigadores que incluye a Clyde Martin (Peter Sarsgaard), Wardell Pomeroy (Chris O´Donnell) y Paul Gebhard (Timothy Hutton). Con el tiempo perfeccionan una técnica de entrevistas que ayuda a la gente a superar sus penas, miedos y sentido de culpabilidad permitiéndoles así hablar libremente sobre sus historias sexuales. Kinsey intenta también crear un ambiente sexual abierto entre su equipo y sus esposas, animándoles a relaciones ex-tramatrimoniales e intercambios de parejas, años antes de la revolución sexual de los sesenta. Cuando Kinsey publica su estudio del hombre en 1948, la prensa compara ese impacto al de la bomba atómica. Kinsey pronto accede a ser portada de cada gran publicación, y se convierte en tema de canciones y dibujos animados, editoriales y sermones. Cuando el país entra en la más paranoica era de la Guerra Fría de los años 50, la segunda parte del estudio de Kinsey, esta vez sobre la mujer, es visto como un ataque a los valores básicos de América. Este escándalo y el desprecio hacen que los benefactores de Kinsey le abandonen al mismo tiempo que su salud empieza a deteriorarse. A la vez, los celos y la amargura causados por el intento de Kinsey de crear una utopía sexual privada, amenazan con destrozar el equipo de investigación exponiéndolo a un escrutinio poco grato. Antes de su muerte en 1956, Kinsey pasa sus últimos días intentando en vano asegurar sus finanzas. Teme que su vida laboral haya sido un fracaso, pero con motivo de una entrevista final ve el efecto positivo que causó y empieza a entender que la pregunta básica de dónde termina el sexo y empieza el amor, nunca podrá ser contestada al completo por la ciencia. Durante los primeros meses de 2005 se han estrenado en nuestras pantallas una serie de biopics que comparten idénticas características: las adulteraciones que se utilizan para retratar a un determinado personaje o los cambios que se introducen en algunos de los hechos que tienen que ver con su vida. Esto es algo que ha sucedido en “El aviador”, “Ray”, “Descubriendo Nunca Jamás” y, por supuesto, “Kinsey”, obra en la que se insertan sin excesiva convicción algunas de las críticas que se han vertido sobre los métodos empleados por el protagonista del filme en sus estudios sobre el sexo. Si bien el realizador, Bill Condon, toma partido a favor de las posiciones de este conocido biólogo, también introduce, aunque con una mayor sobriedad, algunos de los aspectos más censurados de su trabajo y que se han dado a conocer en los últimos años en algunas biografías que se han escrito sobre él. Pero, no nos engañemos, este tipo de licencias son muy comunes en películas pertenecientes a este género, resultando únicamente prohibitivas cuando se emplean con el objetivo de construir un mero panfleto, situación que aquí no se da. “Kinsey” comienza con una atinada introducción en la que se nos relata la vida del protagonista a través de las preguntas que él mismo ha elaborado y que le formulan los estudiantes que colaboran en su proyecto para así aprender cómo comportarse ante las personas a las que han de presentarle el cuestionario. Su juventud, los conflictos con su padre y el momento en el que conoce a Clara McMillen e intima con ella son algunos de los elementos que conforman esta parte del largometraje. Condon emplea en todo momento una realización que podríamos calificar como clásica, mostrándonos con naturalidad aquellos fragmentos del filme que algunos incluso calificarían de morbosos. Sin embargo, no son los apuntes relacionados directamente con la sexología de mediados del siglo pasado los que llaman la atención del espectador, sino la compleja definición de los personajes, pues en ocasiones sus actuaciones se contradicen con sus forma de pensar. Fijémonos, por ejemplo, en la manera en la que Alfred Kinsey se comporta con sus hijos, muy parecida a la que su padre empleó con él: no les expone su punto de vista, sino que da a entender que sus reflexiones son la única verdad posible, imponiéndoles a sus descendientes unos ideales que no tienen por qué compartir. A pesar de la irregularidad de la narración, defecto que también hallábamos en la anterior obra de Bill Condon, “Dioses y monstruos”, y del interés que pueda suscitar en el espectador la temática del filme, se abordan múltiples historias que tienen que ver con el modo en el que nos relacionamos los seres humanos y que, bajo mi punto de vista, se convierten en lo más interesante de “Kinsey”. Así, cabe citar el instante en el que el protagonista se sincera con su esposa y le confiesa que se ha acostado con uno de sus alumnos para experimentar de este modo lo que él mismo pretende demostrar con sus estudios, o aquellos fragmentos en los que Alfred se encoleriza porque siente que todo el mundo debería pensar como él, que la sociedad está ciega (su trabajo prácticamente termina convirtiéndose en una obsesión). Pero, insistimos, son breves pasajes que a veces parecen quedar inconclusos, pa-sando el director de unos a otros con excesiva celeridad y generando con ello una evidente insatisfacción en el espectador. Como defensa hacia su labor se puede alegar que es difícil condensar la vida de una persona tan polémica en ape-nas dos horas, existiendo además una respetable subjetividad con respecto al material que se utiliza o el que se dese-cha para tal fin. Donde no cabe repro-che alguno es a la hora de hablar del elenco de “Kinsey”, empezando por un fabuloso Liam Neeson, injustamente olvidado en los Oscars®, y siguiendo con una no menos espléndida Laura Linney. Sería injusto no mencionar a los intérpretes secundarios, caso de Chris O’Donnell (Scent of a Woman), Peter Sarsgaard (Boys Don’t Cry), Timothy Hutton (Taps) y, sobre todo, John Lithgow (Shrek 2), Tim Curry (Scary Movie 2), Oliver Platt (A Time to Kill) y Dylan Baker (Hide and Seek) entre otros completan el elenco (quizás causan sorpresa las escasas frases que pronuncia Chris O’Donnell a lo largo de toda la película). De igual modo, la música de Carter Burwell, especialmente agradable cuando observamos cómo se enamoran Alfred y Clara y en la que encontramos un apropiado uso del piano, contribuye a mejorar un producto que probablemente se beneficie de la polémica que en algunos individuos provoque su contenido, ocultándose de este modo algunas de sus limitaciones cinematográficas, mas en todo caso no debería obviarse su apreciable calidad técnica y, especialmente, lo que considero son los auténticos pilares del relato: las actuaciones de todo su reparto.En resumen, Kinsey (Hablemos de Sexo) no representa siquiera una cinta biografica sobre el trabajo de este investigador (por ejemplo Kinsey hizo comentarios tan escandalosos como decir que era normal tener sexo con niños porque el niño nace con apetito sexual pero que la sociedad es la que impone los tabues) asi que vaya a verla sobre las actuaciones y no buscando una manera de documentarse sobre este personaje. Sin embargo los actores principales hacen un trabajo impecable, tanto asi que a Linney la nominaron como mejor actriz en la pasada entrega oscariana, aunque no gano es muy interesante verla en esta papel. (tomado en parte de “La Higuera”) Links Relacionados Aviso: Dealante.com no se hace responsable por los
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